La pasión: donde empieza y termina el fútbol femenino
Aún con las deudas que tiene el fútbol con la Primera División de nuestro país, está por detrás la B, sin olvidarnos de la C, en un lugar todavía más relegado. Donde hablar de pasión es una forma romántica de dignificar el esfuerzo de una multitud que se dedica con total entrega a un objetivo común.
Estos equipos se conforman por jugadoras que trabajan, en su mayoría, un mínimo de 8 horas. Otras, estudian. Y algunas pocas, con algo de suerte, pueden conciliar el trabajo con el estudio. Hay jugadoras que son madres. Hay jugadoras que sostienen familias. Y sobre todo, hay jugadoras con realidades únicas. Ellas se encuentran todos los días, a la misma hora y en el lugar de siempre, por pasión. Una pasión que no entiende de razones. Lo hacen porque, en el fondo, deben sentir que sin eso no pueden vivir. O, al menos, no podrían hacerlo felizmente. Porque el fútbol es su cable a tierra. Sueñan con la ilusión de salvar al fútbol, sin saber que, en ese acuerdo tácito, el fútbol las está salvando a ellas. Y no me refiero a nada relativo al aspecto económico. Ahí pierden, hace rato. Las salva el inexplicable e inconfundible sentimiento de correr detrás de una pelota. Eso por lo que dejan todo atrás, con tal de encontrarse, una vez más, a la misma hora y en el lugar de siempre.
Ahí voy, en este preciso momento, una tarde de miércoles en el bondi, mientras termino de plasmar mi más profundo sentir en estas líneas finales.


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